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¿Ha funcionado la Reforma Energética? Parte II
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Fuente: Cortesía
En una columna previa mencionaba que la reforma energética fue motivada, en gran medida, por la disminución en la producción de petróleo de México, al caer casi 29 por ciento entre 2004 y 2013. Una de las principales razones por las que la reforma energética ha sido fuertemente cuestionada, tiene que ver con el hecho de que los niveles de producción de petróleo que México tuvo a finales del sexenio anterior estuvieron por debajo de los niveles que el país tenía en 2013, sin dejar de mencionar que más del 73 por ciento de las gasolinas y cerca del 80 por ciento del gas natural, consumidos en México, fueron importados.
Ante estos hechos surge la pregunta: ¿la reforma energética realmente ha funcionado? Yo creo que sí. En mi columna anterior hice la pregunta de otra forma, pero la esencia es la misma.
Creo que la caída en la producción de petróleo no tiene que ver con el hecho de que la reforma energética no haya funcionado, sino que se puede explicar, en parte, en términos de la disminución en el precio de este hidrocarburo ya que entre mediados del 2014 e inicios del 2016 el precio cayó en casi 79 por ciento. Otro factor que, posiblemente, influyó en la baja de la producción fue el proceso de asignación de reservas probables a Pemex en la Ronda 0, lo cual redujo la participación de los privados en los procesos de exploración con más probabilidad de extracción, lo que ocasionó que la producción en México disminuyera. También es importante mencionar que el tiempo que toma el proceso de exploración en aguas profundas, antes de comenzar con la extracción, puede tomar varios años, sin dejar de mencionar la magnitud de la inversión que se requiere, así como la tecnología de punta necesaria para llevar a cabo estos procesos.
Una persona que leyó mi columna anterior me comentó que no se puede ser tan radical en afirmar que la reforma energética funcionó o no, sino que más bien se debe reconocer lo que ha funcionado y lo que no, con lo cual estoy totalmente de acuerdo, razón por la que me permito citar, textualmente, sus comentarios:
“Desde luego, el objetivo de elevar la producción (de petróleo) durante el sexenio anterior no ha sido alcanzado, así como el de reducir el precio de los combustibles, al contrario; sin embargo, existieron diversos beneficios: 1) los planes de exploración autorizados a Shell –en días recientes-, derivado de las rondas organizadas en la administración anterior, tal vez permitan descubrir yacimientos importantes que elevarán la producción; 2) las inversiones realizadas por las empresas ganadoras de las licitaciones han permitido nutrir el Fondo Mexicano del Petróleo y alimentar el Fondo SENER-CONACYT para investigación, formación de recursos humanos, entre otros beneficios; 3) la creación de organismos reguladores que incentivan hoy en día la observancia de las mejores prácticas internacionales en materia de seguridad y protección ambiental, entre otros. Más que declarar que sí o no ha funcionado la Reforma Energética, creo que conviene analizar qué ha funcionado y qué no ha funcionado de la reforma, con la finalidad de que se corrijan los errores y se construyan bases sólidas para el desarrollo sustentable del país.”
Además de los beneficios anteriores, es necesario mencionar que en la última subasta de energía eléctrica, al día de hoy suspendida, el precio por MWh fue de 19.9 USD, de acuerdo con CENACE, uno de los precios más competitivos a nivel mundial, y 70 por ciento más barato que el costo de generación de CFE. Además de lo competitivo de este precio, es importante hacer alusión a la inversión que esto representó en proyectos de generación, además de que la mayor parte de la energía eléctrica será generada a partir de fuentes limpias. Esto es relevante ya que sabemos que los objetivos de la reforma energética tienen que ver con el hecho de disminuir los costos de los energéticos y contribuir con el desarrollo económico, social y medio ambiental que México requiere.
Debemos aprovechar el gran potencial que México representa para generar energía a partir del viento y del sol, sin dejar de lado otras fuentes limpias, ya que además de la inversión que esto podría representar nos permitiría cumplir con los compromisos medioambientales que México ha establecido en la Ley de Transición Energética, la cual tiene como meta que el 35 por ciento de la generación en 2024 provenga de fuentes limpias y el 60 por ciento en 2050.
El autor es director de EGADE Business School, Sede Monterrey, Tec de Monterrey.
Opine usted: ozavaleta@tec.mx
Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.
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