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¿Por qué ocurren los fraudes?
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Fuente: Cortesía
Apenas hace unas semanas nos enteramos del fraude que se llevó a cabo en Monex por 40 millones de dólares a 158 cuentas bancarias. Este suceso nos hizo recordar un poco a lo que pasó con Interacciones en 2017 donde la situación fue muy similar pero por un monto de 100 millones de pesos.
Muy triste las situaciones anteriores ¿no?, pero lamentablemente los casos de fraude en México en las empresas son algo normal: según la firma PwC en un último reporte presentado en 2018, 58 por ciento de las compañías en México reconocieron haber sido víctima de algún fraude. La pregunta aquí es ¿por qué suceden estos y otros casos de fraude por parte de directores, gerentes y colaboradores en las organizaciones? La respuesta es directa y se debe a tres grandes factores: la motivación, la actitud, pero sobre todo la oportunidad de que ocurra el fraude.
Dicen que “la ocasión hace al ladrón” y en diversos procesos de institucionalización en los que me he involucrado, de las primeras cosas que salen a relucir al correr algunos procesos nuevos en las compañías, desafortunadamente son los fraudes o desvíos por parte de los puestos intermedios. Esta estadística coincide precisamente con este estudio que mencionaba anteriormente. Cuando me ha tocado conversar con estas personas y les preguntaba el por qué lo habían hecho o cuál era la motivación para cometer la falta, yo esperaba de ellos una respuesta clásica como “por problemas económicos”, sin embargo e increíblemente, lo más sonado era “porque pude hacerlo” o “la ventana estaba abierta”. Más que motivación, la razón era oportunidad.
Es más, uno pensaría que el factor importante pudiera ser la actitud, un tema más de valores éticos y morales, donde la persona carece de ellos o que para su ser o racionalización es “normal” este tipo de conductas pero ¡oh sorpresa!, de nueva cuenta tiene que ver más con la oportunidad. En un ya conocido estudio de conducta hecho por Bologna, Lindquest y Wells, se menciona que ante situaciones de fraude, 20 por ciento de las personas se comportarán de manera honesta, otro 20 por ciento no lo hará y 60 por ciento se comportará dependiendo de la situación, es decir, si hay oportunidad lo haría.
Entre que son peras o son manzanas, y justifiquemos las razones del fraude, lo importante es cómo eliminar ese factor de “oportunidad”. Aquí amigo lector es donde entra el Control Interno en las organizaciones, cuyo objetivo es cuidar los recursos de la compañía, evitando pérdidas económicas por fraudes e incluso por acciones negligentes que puedan provocar que la empresa no logre sus objetivos. El problema es que muchas se meten tanto en la operación, tanto en el día a día que no le dedican tiempo ni se ponen a pensar en sus controles ya ni para un tema de evitar el fraude, sino incluso para mejorar y lograr ser más competitivas.
Algunas pequeñas y medianas compañías se preguntan si deben generar o tener control interno a pesar de no tener tanta gente, tantas operaciones o tecnologías de información, la respuesta es que desde el inicio la entidad debe crear su sistema de control, recordemos la vieja máxima dentro de la planeación de que lo que “no se puede medir no se puede controlar, y lo que no se puede controlar… no se puede mejorar”. Conforme crece la empresa, los controles se irán adecuando y robusteciendo, originando así medidas más confiables y por ende más seguras.
Y no es que la implementación del Control Interno sea costosa, a veces no entendemos el costo de no tenerlo es mucho más alto que la inversión en tiempo y dinero en el control. En este estudio realizado por PwC, poco más de la mitad declaró que perdieron hasta un millón de dólares a causa del fraude ¿Cuánto es la inversión en un ERP? ¿Cuánto puede ser el costo de un departamento de control interno?
La oportunidad crea al fraude, el control interno elimina la oportunidad. Si bien los casos mencionados al inicio perecerían más un descuido por parte de los clientes que de las propias empresas, la bomba llegó hasta ellos por una serie de faltas y fallas en los controles internos de las compañías, dejando vulnerable por consecuencia al último eslabón de su ciclo.
El autor es contador y profesor Contabilidad y Finanzas de la Escuela de Negocios del Campus Monterrey.
Opine usted: jorozcob@tec.mx
Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.
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