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¿Por qué nos cuesta tanto comprometernos?
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Fuente: Cortesía
Estamos enfrascados en conflictos que nosotros mismos, creamos y no nos comprometemos a participar de forma activa en la solución ¿Qué estamos dejando de atender?.
Un compromiso incluye acción y con ella el dedicarle energía a algo que lo requiere. Hoy podemos observar que tener compromiso está ausente en diferentes ámbitos tales como nuestra vida personal, el trabajo, en lo social y por supuesto en nuestro rol como seres humanos que habitamos este planeta. Tenemos agendas llenas de supuestos compromisos y no nos damos cuenta que estamos dedicándole energía a cosas que no valen la pena.
El reto que tenemos frente a nosotros es el de comprometernos de forma consciente. Cuando uno lo hace conscientemente, se crea una conexión con el significado que generó el compromiso más que con el compromiso mismo. Esto permite hacerlo parte de nosotros y por lo tanto vivirlo sin necesidad de administrarlo o tener que hacerlo.
En la actualidad hay poco compromiso en los empleados, en los líderes, en las relaciones de pareja o de amistad, en nuestro rol como ciudadanos, en los políticos e inclusive con nosotros mismos. Se podría decir que vivimos alejados de la realidad y que por ende, nos mantiene al margen de la oportunidad de vivir de forma consciente.
Ante un mundo en constante movimiento que parece que no nos permite comprometernos al 100 por ciento ¿Qué necesitamos para detenernos y darnos cuenta de lo que estamos experimentando como seres humanos? ¿Acaso requerimos seguir viviendo en crisis o tragedias para poder observarlo? ¿Por qué nos alejamos tan fácilmente de la realidad y soltamos nuestra responsabilidad por la misma?
Cuando estamos conscientes (presentes), se detonan la curiosidad, la compasión y el coraje; lo que nos permite estar en estado de co-creación. Cuando estamos en forma inconsciente (ausentes) viene el miedo, enojo y la ignorancia que nos llevan a culpar a los demás, terminando en la destrucción de posibilidades y distraídos de lo que realmente está sucediendo.
Nos es más fácil no hacer nada, así la culpa continúa siendo de otro. Nos gusta mucho culpar a los otros de todos nuestros problemas. Terminamos culpando a un político, al jefe, al cliente, a un empleado, al amigo o la pareja y al final ¿En dónde queda nuestra responsabilidad?.
Estar conscientes nos permite darnos cuenta de lo que hay detrás de lo que estamos sintiendo y experimentando. Nos permite despertar para observar desde dónde estamos creando esa realidad y asumir nuestra responsabilidad. Estar despiertos nos habilita para aprender a observarnos en autoreferencia y conectar con nosotros mismos y con lo que nos rodea. Nos abre las posibilidades de comprometernos más allá de lo que pensamos y creemos. Desde un estado de consciencia el compromiso es libertad.
Hoy existen diferentes formas de practicar un estado consciente. Desde las meditaciones y la inteligencia emocional hasta el yoga. Hay lecturas de cientos de libros e inclusive practicas tan antiguas y universales como el Kábbalah. Tenemos mucho de donde aprender en videos y cursos en línea gratuitos para practicarla, pero seguimos muy ocupados y ciclados creando una y otra vez las mismas cosas.
Estamos en una era de la consciencia gracias al pasado cargado de inconsciencia. Hemos perdido la brújula de la evolución por los intereses del ego. No queremos despertar por miedo a vernos a nosotros mismos. Nos hemos puesto máscaras para crear identidades que solo nos separan de las posibilidades de comprometernos como individuos y como sociedad.
Estamos más preocupados porque nuestro equipo de fútbol gane, que por el equilibrio de nuestras vidas. Nos polarizamos para no tener responsabilidad y por lo tanto alejarnos del compromiso. No nos damos cuenta que en Monterrey no somos regios y en CDMX no son chilangos. Hemos caído en el juego de las denominaciones y la separación ideológica. Hoy tenemos nuevas generaciones y ya les pusimos nombre en vez de abrirles el paso para llevarlos hacia la madurez y aceptar que ellos nos vienen a recordar que estamos en el mundo para colaborar y co-crear.
Estamos dejando de atendernos a nosotros mismos por miedo a descubrirnos. Es momento de preguntarnos ¿Cuándo decidiremos quitarnos las máscaras para comprometernos a vivir en una sociedad más consciente y equilibrada?.
El autor es emprendedor por más de 20 años en la industria de la consultoría y servicios. Hoy es asesor de Liderazgos públicos y privados dónde implementa el modelo y tecnología propia llamado Liderazgo Convergente. Influencer en temas de consciente e inconsciente.
Opine usted: alejandro@convergent.mx
Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.
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