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La Propia Política Sara Lozano

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Great Hack

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La Propia Política Sara Lozano Fuente: Cortesía

Tal vez porque este año estuve en NS-Dokumentationszentrum München (Centro de Documentación sobre la Historia del Nacionalsocialismo de Múnich) muchas cosas me suenan a propaganda, las advierto polarizadas y detrás, siempre intereses económicos. Y más aún después de ver el documental Great Hack de Netflix.

El término big data lo conocí en una plática de TED Talks, más como un universo por explorarse, infinidad de conexiones y sinapsis, posibilidades para la investigación, los mercados, la ciencia. Nunca se habló –ni se me ocurrió– de política, y mucho menos de campañas, sólo se reconoció que habría límites por explorar. Me quedé con esa sensación fascinante de cómo el universo va tomando forma en espacios tan poco imaginados. Ahora, después de Great Hack, el sentimiento ha mutado a algo entre angustia, paranoia e incertidumbre del futuro.

Hay genialidad en el diseño para la articulación de los datos, eso es científico y bueno. Hay un amplio potencial para vincular datos, hacer diagnósticos o prospectivas, identificar patrones. Esto es fascinante para creativos e investigadores. El problema es que toda esta maquinaria está produciendo información con fines particulares y específicos que manipulan a las masas, al menos en dos sentidos: la polarización y la estandarización de la conducta correcta. Y esto es propaganda, dinero, polarización, exactamente lo que existió en la Alemania que apoyó, cultivó y luchó por el nacionalsocialismo.

Otra similitud que me golpeó a lo largo de los testimonios fue la banalidad del mal, que tan bien delimita Hanna Arendt. En el documental aparecen dos testigos de lo que fue la planeación de la compañía, de las intenciones originales y del rotundo éxito que tuvieron. Una de esas personas, involucrada en la construcción de esta maquinaria, pero más bien pieza clave en la consolidación y el éxito de la compañía, de pronto hace afirmaciones que bien podrían ser del mismo Eichmann en Jerusalém.

Hemos nutrido ingenuamente a Facebook, desde 2004, con nuestra información. A otras compañías también, pero Facebook es las más poderosa, dicen en el documental. El conflicto ético de poseer información personal sensible lo vivió Mark Zuckerberg desde el lanzamiento de su primera plataforma, Facemash, en su universidad, Harvard. ¿Por qué sensible? Por la misma razón que alguien del mes de agosto recibe promociones de camisetas con leyenda “En agosto nacen los mejores”, o cosas así. Si navegas por un sitio de ropa, sorpresivamente llegarán anuncios de otras marcas a tus historias. Hasta aquí el uso es comercial.

Lo que asusta es que, así como se venden camisetas dedicadas, también se lanzan mensajes que detonan aquello que te hace vulnerable y que has visto y compartido. Aquello que te da miedo te lo mandan las redes a interés de algún millonario en campaña política, ambiental, comercial o lo que quieran. Además, tu red se conforma de personas que sólo piensan como tú, así que si eres verde toda la comunidad verde estará dándote siempre la razón.

El siglo pasado existió esta manipulación individual y colectiva, una sociedad polarizada tomó decisiones contra los “malos”, los únicos responsables, los que eran diferentes. Y no creo que sea sólo por visitar el NS-Dokumentationszentrum München, ubicado en la que fuera sede del partido Nazi desde 1931, si mal no recuerdo.

La autora es Consejera Electoral en el estado de Nuevo León y promotora del cambio cultural a través de la Educación Cívica y la Participación Ciudadana.

 Opine usted: saralozanoala@gmail.com

Twitter: @saraloal

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