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¿Estamos cerca de perder el grado de inversión?
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Fuente: Félix Vásquez
Si bien existen diversas agencias de calificaciones crediticias en el mundo, o “calificadoras”, cuya principal labor es establecer o determinar el posible riesgo de incumplimiento de las obligaciones financieras de un emisor (o de un país), en México regularmente se toman en cuenta sólo a las tres principales calificadoras de los EUA, que son: Fitch Ratings (FR), Standard and Poor´s (S&P) y Moody´s (M).
Básicamente, estas calificadoras agrupan en dos grandes categorías las deudas de los países y de las empresas emisoras, y los definen como “Grado de Inversión” o “Grado Especulativo”, utilizando letras para asignar esta calificación, que van de la “A” a la “D”, y en todos los casos incluyen sub-clasificaciones de entre una y tres letras (B, BB, BBB) con sus respectivos signos de + (más) o de – (menos) para graduar aún más la “calificación” que hayan asignado.
Por otro lado, además de la propia calificación que se le asigna a la deuda soberana de un país, (o a la deuda de una emisora en particular, como Pemex), las calificadoras emiten una “perspectiva” que puede ser desfavorable, neutral o positiva, y tiene por objeto ser un indicador “adelantado” de hacia dónde se está moviendo el desempeño económico financiero del emisor, y por consecuencia, si las probabilidades de honorar sus pasivos tienden a mejorar o a empeorar.
De esta manera, si consideramos las escalas de FR y de S&P, las cuales coinciden en estas distribuciones generales, las calificaciones de C y D son de Grado Especulativo, mientras que las de A y B representan Grado de Inversión, y concretamente, la calificación MÍNIMA factible para que a nuestra deuda pública (o a la de Pemex) se le considere dentro del Grado de Inversión, es de BBB- (Triple B menos).
Actualmente nuestra deuda soberana tiene calificación BBB+ para FR y para S&P, y de A3 para Moody´s, y lo que ha venido ocurriendo es que la “perspectiva” que antes era NEUTRAL, se ha cambiado a “NEGATIVA”, básicamente porque los pronósticos para el crecimiento económico del país se han ido a la baja, lo cual impactará en una menor recaudación impositiva y por ende, un mayor riesgo de falta de pago oportuno.
De ahí se deriva que si se pierde el grado de inversión, los inversionistas “Institucionales” extranjeros tendrían que vender sus posiciones en México y habría una fuga de capitales, lo cual, en realidad, no es tan fácil que ocurra, ya que para que estos inversionistas se puedan “salir” deben encontrar primero otros que quieran “entrar”.
Por otro lado, la calificación ACTUAL de México significa que cuantitativamente hablando, el riesgo de falta de pago es de sólo 5 por ciento, y que para perder nuestro actual Grado de Inversión, tendríamos que bajar 3 escalones más en la escala de FR y de S&P y hasta 4 escalones en la escala de Moodys, eventos realmente poco probables en la coyuntura actual.
Si bien es cierto que durante el primer trimestre de este año se registró una leve caída del PIB de 0.2 por ciento, y que los principales indicadores económicos adelantados prevén que se mantenga esta tendencia a la baja, todos los pronósticos económicos que se han publicado, tanto dentro como fuera del país, ninguno contempla un decrecimiento del PIB en base anual, y el crecimiento pronosticado varía entre 0.5 y 1.0 por ciento para este año 2019.
Lo que esto nos indica, es que los propios analistas tienen implícita una leve mejoría de la economía para los últimos dos trimestres del año, ya que si en el primer semestre el crecimiento fue nulo e incluso un poco negativo, para “promediar” un crecimiento anual de digamos 0.5 por ciento, en el segundo semestre la economía tendría que crecer por arriba del uno por ciento real.
Obviamente, yo creo que nadie piensa que la economía mexicana entrará en una recesión de grandes magnitudes, y se le apuesta más a una “Atonía” explicada por una diversidad de factores, que en la medida en la que se vayan resolviendo, la actividad económica puede recuperar dinamismo.
La capacidad de pago del Estado Mexicano sigue siendo sólida, aunque no exenta de riesgos, por lo que la disciplina financiera debe seguir siendo un importante pilar de los fundamentos macroeconómicos.
El autor es especialista en estudios económicos y de finanzas públicas. Actualmente ocupa el cargo de Socio de Economía en Pérez Góngora y Asociados.
Opine usted: mperezv@perezgongora.com
Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.
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