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El tipo de cambio

Miguel Moreno Tripp

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El tipo de cambio

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Miguel Moreno TrippFuente: Cortesía

Aventurarse a predecir que pasará con el tipo de cambio tanto en el corto como en el largo plazo es muy arriesgado. Ya lo decía Alan Greenspan, ex-presidente del FED y permítame citarlo en inglés porque vale la pena hacer incapie en el cómo se comunicaba él: “having endeavored to forecast exchange rates for more than half a century, I have understandably developed significant humility about my ability in this area.” (“habiéndome esforzado por pronosticar los tipos de cambio durante más de medio siglo, es entendible que haya desarrollado una significativa humildad sobre mi capacidad en esta área”).

¿Qué herramientas se tienen a la mano para, de alguna manera darnos una idea de lo que hará el tipo de cambio? Para el corto plazo, -muy corto plazo- probablemente la herramienta más utilizada sea el análisis técnico. Este análisis consiste en analizar su comportamiento utilizando gráficas de vela, por ejemplo, junto con promedios móviles de corto y mediano plazo, entre otros. Para el largo plazo, el análisis de la balanza de pagos y sus componentes es fundamental. El tema es que funciona, pero para el muy largo plazo.

Sin embargo, hay otra serie de principios o condiciones llamadas de paridad internacional. Al mencionar la palabra paridad, nos dice un documento electrónico de la Universidad de Guadalajara (España) que: “se considera que se está frente a un estado de equilibrio cuando el rendimiento esperado en moneda nacional es el mismo para activos denominados en dicha moneda contra activos denominados en moneda extranjera con un riesgo y plazo similares”.

Veamos un ejemplo. Dorothy es una muchacha republicana que vive en Kansas y tiene mil dólares para invertir. De repente se le aparece un Mago de Oz mexicano y le dice: “Mi reina, (es de otra parte del país) vente pa’ México y cambia tus dólares al tipo de cambio spot e invierte en Cetes porque ¿Ya viste el diferencial que hay entre las tasas de Treasury-bills y los Cetes?”, “Ah, pero no me gusta el riesgo” le contesta ella, “No te preocupes, porque puedes comprar un forward y asegurar el tipo de cambio cuando se venza tu inversión”. ¿En donde obtendrá más rendimiento? ¿tomando el camino de los Treasury-Bills o tomando el yellow brick road de los Cetes? Si hacemos los números, la diferencia debería ser cero, ya que los tipos de cambio y las tasas de interés se ajustan para precisamente estar en equilibrio y cualquier desequilibrio será aprovechado por los participantes en los mercados.

Pensémoslo de otra manera: Dorothy, en el momento en el que se le aparece el Mago de Oz, sabe cual es la tasa de interés de los Treasuries; sabe cual el spot; sabe cual es la tasa de Cetes y sabe cual será su tipo de cambio con el forward que compraría. Si no hay incertidumbre, no debería tener rendimiento o estaríamos en la presencia de un money machine. De no comprar el forward, entonces tendría derecho para ver si tiene un rendimiento extra, cosa que no tendría garantizada por supuesto.

En el CFA Nivel II se analizan otras paridades que por falta de espacio no detallamos: forwards como predictores imparciales tipos de cambio spot a futuro; paridad del poder adquisitivo; el efecto Fisher; el efecto Fisher internacional y la paridad de tasa de interés real.

¿Qué pasa en México que el tipo de cambio ha estado tan estable, relativamente hablando? Precisamente el diferencial entre las tasas de interés ha hecho que México sea lo suficientemente atractivo como para invertir en bonos mexicanos.

De acuerdo al portal de Valores en Circulación de Banco de México, la “Tenencia de valores Gubernamentales de los residentes en el extranjero por año” nos indica que ellos tendrían más de dos mil 100 millones de pesos. Adquieren alrededor del 50 por ciento de los montos subastados.

Se puede decir que el tipo de cambio se ha mantenido estable debido al diferencial de tasas entre México y otros países, por lo que los extranjeros están invirtiendo sí, pero, -y es un gran pero- en inversiones de cartera. Toco madera, pero ¿se acuerda de los capitales golondrinos de los setentas? Pareciera que, por el momento, desde fuera no se ven tan mal las cosas porque -a veces- no es un problema de tipo de cambio, sino de cambio de tipo.

El autor es Doctor en Finanzas por la Universidad de Tulane; cuenta con la Maestría en Alta Dirección de Empresas, en el IPADE. Se desempeñó como Director General de entidades del área Internacional en Santander Serfin. Es Director del programa OneMBA.

Opine usted: morenotrip@gmail.com

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.

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