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Dos visiones empresariales

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Dos visiones empresariales

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OPINIÓN


Bloomberg Businessweek

Hace un par de semanas, la secretaría de Economía dio a conocer que la inversión extranjera directa (IED) en el primer trimestre del año fue de 10 mil 161 millones de dólares, según cifras preliminares.

Ese anuncio no sería más que otro de rutina, pero resultó llamativo porque muy pocos esperaban que esta variable tan relevante creciera al arrancar el sexenio de Andrés Manuel López Obrador.

La IED efectuada fue superior en 7 por ciento a la cifra del mismo periodo de 2018 y resultó el monto más alto del que se tenga registro para un periodo similar.

Este resultado contrasta con la imagen generalizada de que se ha presentado una contracción de la inversión a lo largo de los primeros meses de la administración de López Obrador.

Bueno, en realidad, no es solo una imagen. Los datos disponibles para la inversión bruta fija total, que corresponden a los primeros dos meses del año, muestran una caída de -0.5 por ciento.

Ya en el último trimestre del año pasado, con la perspectiva del nuevo sexenio, la inversión total cayó a un ritmo de -2.2 por ciento al año.

Es decir, ya van cinco meses con caídas significativas de la inversión total, lo que contrasta con el alza de la IED.

¿Cómo explicar estas diferencias?

Las empresas extranjeras parecen decididas a invertir más en México mientras que las empresas mexicanas son mucho más reticentes a hacerlo.

¿Qué es lo que ven los empresarios extranjeros que no aprecian los mexicanos? O, al revés, ¿qué riesgo perciben los empresarios mexicanos que desestiman los extranjeros?

Comencemos por la primera interrogante.

Una empresa multinacional usualmente tiene operaciones en diversos países, lo que permite diversificar su riesgo. El que corren en México, en general, es menor que el de las empresas locales.

Las empresas foráneas, además, están más distantes de los eventos políticos domésticos, lo que les permite tomar decisiones mucho más frías y desapasionadas, vinculadas a la ecuación de riesgo-rendimiento que tengan en cada país, independientemente del régimen político que haya.

También tienen, usualmente, perspectivas de largo plazo. La determinación de instalar plantas y operaciones en un país, o ampliar las que tienen, no es para retirarlas al primer cambio de entorno. Para tomar la decisión de hacerlo ven las tendencias de largo plazo y no solo lo que viene en el año siguiente o en poco más adelante.

Esta perspectiva es crucial porque conduce a que atiendan más bien a los factores estructurales subyacentes más que a episodios coyunturales.

En contraste con el comportamiento de los empresarios foráneos, el empresario mexicano usualmente es más sensible al entorno político, no solamente porque vive en México, sino porque la mayoría de sus inversiones se encuentran aquí.

Aunque quiera alejarse de filias y fobias políticas, el hecho de vivir en el país hace que esto sea muy difícil, así que el ambiente político prevaleciente se toma mucho más en cuenta entre nacionales que entre extranjeros.

Y luego está el tema del plazo. Aunque también los empresarios locales ven el horizonte de largo plazo para decidir sus inversiones, hay quienes están más preocupados por este o los años inmediatos, así que es más relevante tener resultados pronto y por tanto se pone más atención a los factores que puedan incidir en ellos.

Un indicador útil de estas inquietudes lo da la Encuesta entre Especialistas del Sector Privado, que realiza Banco de México.

Aunque no es entre empresarios, son quienes los escuchan.

En el levantamiento correspondiente a abril, el factor número uno en las preocupaciones es la incertidumbre política y en el número dos están los problemas de inseguridad pública.

Lo que genéricamente el Banxico denomina los temas de “gobernanza” aparecen como el primer lugar de las preocupaciones, priorizado por el 48 por ciento de los entrevistados, mientras que las condiciones económicas internas representan apenas el 24 por ciento de las inquietudes.

Ahora bien, ¿qué significa la “incertidumbre política interna” que aparece mencionada como el principal factor que puede obstaculizar el crecimiento?

Que no haya reglas claras, que exista improvisación o que haya sorpresas en las decisiones que tome el gobierno y que impactan a la inversión.

Casos como la cancelación del proyecto del nuevo aeropuerto en Texcoco o las Zonas Económicas Especiales afectan a quienes han apostado por el desarrollo de México bajo ciertas reglas.

En el caso de muchos empresarios nacionales, existe la sensación de que probablemente haya aún cambios importantes en el escenario, que los conducen a posponer las decisiones.

Sin embargo, para las empresas foráneas que invirtieron los 10 mil millones de dólares canalizados en el primer trimestre, las ventajas que ofrece nuestro país aún son superiores a las desventajas que puedan haber surgido con la 4T.

Incluso, en el tema del combate a la corrupción, habrá muchos que vean más posibilidades de realizar proyectos y hacer negocios hoy que antes.

En este cuadro de contrastes, lo relevante no es quién tiene la razón sino qué actitud será la que domine.

La Encuesta del Banxico refiere que, a la pregunta de si es buen momento para invertir en México, solo el 5 por ciento respondió afirmativamente, mientras que el 58 por ciento dijo que no, y un 37 por ciento refirió no estar seguro.

Una de las tareas centrales de los encargados de la conducción económica en el gobierno de López Obrador es cambiar estos porcentajes.

Antes de que decidiera la cancelación del proyecto del nuevo aeropuerto en Texcoco, poco más del 20 por ciento decía que era buen momento y poco menos del 20 por ciento decía que era mal momento.

No fue el triunfo del presidente lo que generó desconfianza entre los inversionistas nacionales sino un paquete muy específico de acciones.

Quizás por eso, algunos integrantes del equipo de AMLO, señaladamente Alfonso Romo, quien encabeza también el Consejo para la Inversión, recientemente creado, tienen la percepción de que es posible volver a propiciar la confianza de los inversionistas.

No será a través de la reversión de la decisión del aeropuerto, pero sí a través de despejar de cada sector económico numerosos obstáculos que existen para las empresas.

La clave será que haya acciones alineadas en el gobierno, así como en las administraciones locales.

Uno de los problemas que ya se está viendo es que las diferencias en el equipo de AMLO son ya múltiples y en ocasiones estorban la concreción de los proyectos.

Si adentro del equipo aún no logran coordinarse, se ve más difícil todavía que lo hagan con gobiernos estatales y municipales, que son a veces las instancias que más estorban la realización de inversiones.

El reto para este gobierno es que el entusiasmo que han mostrado inversionistas foráneos se contagie también a los empresarios locales.

No va a ser sencillo, por las razones ya explicadas, pero quizás la necesidad del gobierno de lograr que el crecimiento regrese a la economía haga rectificar algunas decisiones y ajustar otras.

Esto, antes de que incluso los extranjeros empiecen a perder la esperanza.

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